A simple vista, nada parece más fácil que restaurar edificios construidos durante nuestro siglo: los arquitectos o al menos sus colaboradores son todavía vivos en muchos casos; los proyectos son bién documentados con grandes cantidades de dibujos, detalles técnicos, fotografías de época; las técnicas constructivas son todas de la llamada "era de la industria".
Todo esto optimismo es radicalmente negado inmediatamente se pasa al plano operativo. Cuanto más se conoce un edificio, más dificil es su repetición en un tiempo diverso. Materiales (muchas veces pobres) y técnicas muchas veces experimentales. Reproducirlas hoy es practicamente imposible. Estrañamente el "hecho a mano" es más fácil de reproducir que el "hecho a máquina". En el primer caso se trata de un problema del material y de habilidad técnica-manual; en segundo lugar se trata sobre todo de un problema de instalaciones industriales: no se puede producir a máquina sin las máquinas de 30, 40 años atrás, esta máquinas fueron sustituidas por máquinas nuevas, más eficientes. No es económicamente conveniente pensar a "reconstruirlas".
Además, una questión todavía más determinante es el hecho que los edificios modernos, aún más que en aquellos antiguos, basan su carácter específico en una estrecha correspondencia entre forma y función.En otras palabras los edificios de época moderna (me refiero a edificios de los años 20, 30, 40, 50 de nuestro siglo), poner gran resistencia a los cambios de uso y función.
Las mismas instalaciones técnicas originales son hoy fuera de uso, son ineficientes, ingombrantes, y los costos para hacer funcionar tales equipos, no recomiendan económicamente su mantenimiento.
Todos estos problemas hacen practicamente imposible una restauración, entendiendo como recuperar las condiciones originales de tales construcciones: por esa razón casi siempre se llega a soluciones de compromiso; mediado entre las exigencias de los residentes (si se trata de un edificio habitado); los costos de gestión y mantenimiento; soluciones tecnológicas innovativas y las exigencias de la salvaguardia de la imagen histórica.
En efecto, es propio en esta mediación que está el punto crítico de toda la operación: si la restauración viene aceptada como una necesidad, y seguida correctamente, respetando el carácter original del edificio, los aspectos innovativos pueden ser vistos como un adecuamento impuesto del nuevo uso y función.
Si la mediación es en vez mascarada, removida o negada, no será posible ver que cosa se conservó, que cosa dió pruebas de duración (me refiero a la duración de los materiales), y no se distinguirá las modificaciones nuevas que se realizaron.
Un triste final para la arquitectura moderna. Arquitecturas que hacían de la verdad de los materiales; de la sinceridad de la relación forma y función y del respecto del espiritud del época, su potente bandera. Para terminar quisiera recordar algunas obras de Guillermo Gonzalez, hoy desaparecidas o modificadas: Hotel Jaragua, Hotel Hamaca, Casino de Guibia, Parque E. M. de Hostos y muchas otras más.
Todo esto optimismo es radicalmente negado inmediatamente se pasa al plano operativo. Cuanto más se conoce un edificio, más dificil es su repetición en un tiempo diverso. Materiales (muchas veces pobres) y técnicas muchas veces experimentales. Reproducirlas hoy es practicamente imposible. Estrañamente el "hecho a mano" es más fácil de reproducir que el "hecho a máquina". En el primer caso se trata de un problema del material y de habilidad técnica-manual; en segundo lugar se trata sobre todo de un problema de instalaciones industriales: no se puede producir a máquina sin las máquinas de 30, 40 años atrás, esta máquinas fueron sustituidas por máquinas nuevas, más eficientes. No es económicamente conveniente pensar a "reconstruirlas".
Además, una questión todavía más determinante es el hecho que los edificios modernos, aún más que en aquellos antiguos, basan su carácter específico en una estrecha correspondencia entre forma y función.En otras palabras los edificios de época moderna (me refiero a edificios de los años 20, 30, 40, 50 de nuestro siglo), poner gran resistencia a los cambios de uso y función.
Las mismas instalaciones técnicas originales son hoy fuera de uso, son ineficientes, ingombrantes, y los costos para hacer funcionar tales equipos, no recomiendan económicamente su mantenimiento.
Todos estos problemas hacen practicamente imposible una restauración, entendiendo como recuperar las condiciones originales de tales construcciones: por esa razón casi siempre se llega a soluciones de compromiso; mediado entre las exigencias de los residentes (si se trata de un edificio habitado); los costos de gestión y mantenimiento; soluciones tecnológicas innovativas y las exigencias de la salvaguardia de la imagen histórica.
En efecto, es propio en esta mediación que está el punto crítico de toda la operación: si la restauración viene aceptada como una necesidad, y seguida correctamente, respetando el carácter original del edificio, los aspectos innovativos pueden ser vistos como un adecuamento impuesto del nuevo uso y función.
Si la mediación es en vez mascarada, removida o negada, no será posible ver que cosa se conservó, que cosa dió pruebas de duración (me refiero a la duración de los materiales), y no se distinguirá las modificaciones nuevas que se realizaron.
Un triste final para la arquitectura moderna. Arquitecturas que hacían de la verdad de los materiales; de la sinceridad de la relación forma y función y del respecto del espiritud del época, su potente bandera. Para terminar quisiera recordar algunas obras de Guillermo Gonzalez, hoy desaparecidas o modificadas: Hotel Jaragua, Hotel Hamaca, Casino de Guibia, Parque E. M. de Hostos y muchas otras más.
